El Maharajá chino

El Maharajá chino

Título: El Maharajá chino
Autor: Voytek Kurtyka
Año: 2013
Idioma original: Polaco
Traducción: Beata Rozga
Primera edición en español: diciembre de 2015

En primer lugar habrá que tener en cuenta que Voytek Kurtyka (nacido en 1947 en Skrzynka, Polonia) es uno de los alpinistas más importantes de todos los tiempos. Piolet d’Or por su carrera en el 2016, su historial de escaladas y nuevas aperturas es apabullante. Escaladas realizadas en las principales cordilleras del mundo y centrándose en las montañas más altas de la tierra tanto en el Karakórum y como en el Himalaya. Siempre haciéndolo, dentro de este deporte del alpinismo, de una forma visionaria y con un estilo impecable y minimalista; es decir en grupos pequeños, trazando nuevas rutas, sin uso de oxigeno embotellado ni cuerdas fijas y escalando del tirón (sin campamentos prefijados). Arriesgando cuando era necesario y renunciando cuando consideraba que las condiciones no eran las ideales, de hecho en todas sus escaladas nunca tuvo ningún accidente. 

En este, su primer libro publicado, Voytek nos habla de lo que él más sabe: los estímulos y límites de nuestra mente. Con el miedo como principal motor y freno de nuestras acciones; por qué nos enfrentamos a él, y por qué y cuándo dejamos de hacerlo. Como él mismo dice: «Desde luego, esta historia no trata sobre el enfrentamiento con los agarres», sino que indaga en las motivaciones ocultas de estos seres que arriesgan sus vidas por subirse a las montañas. Pero también lo extiende a la vida en general, con sus retos y sus dudas. Tiene la habilidad, para enmarcarlo y no perderse, de reducir el hecho de la escalada al mínimo. No nos habla de alguna de sus expediciones llevada a cabo en un largo periodo de tiempo, en tierras lejanas y con un grupo de amigos. No, lo reduce al mínimo; una vía de deportiva de alta dificultad, cercana al octavo grado, unas decenas de metros, realizada en solo (es decir sin cuerda y por tanto sin asegurarse). Un compromiso total de unos minutos donde el error se paga con el más alto precio:

«El resbalón significaba caída.
La caída significaba tierra.
La tierra significaba discapacidad o muerte.
Y la muerte significaba…».

Es un libro breve, pero denso. En cada capítulo Voytek intenta ser lo más conciso posible, pero sin olvidarse de todos los pasos que un escalador sigue en su vida de retos, a veces solo con una frase pero siempre implicándose personalmente, sin duda nos damos cuenta de que pone la carne, su carne, en el asador, de hecho es un libro altamente biográfico.  Nunca emplea palabras grandilocuentes, sino que intenta profundizar en sus sentimientos lo más claramente posible. Muchas veces lo consigue con el uso de iluminadoras metáforas: la mermelada, los creyentes, darle al trapo, el bartulo, la bomba mágica, la fragua del Demonio, el Gran Envidioso… Así su texto, a pesar de la densidad de pensamiento que pueda abarcar, avanza de una forma serena, imaginativa y transparente, incluso irónica y humorística. También a veces es duro pero claro: «El grado es un rufián artero, que en lugar del amor de nuestra vida nos ofrece los servicios de una puta tentadora: la fama. Es quien nos convierte en espectros famélicos, en busca de la carroña del reconocimiento y de los honores».

El libro estruja al límite el juego del alpinismo entre la seguridad y el riesgo, y el placer que aporta ese juego. Un mundo lleno de deseos y de contradicciones: el exceso del todo o nada, la obsesión, el reto sin fin, vencernos a nosotros mismos… Uno de los libros más interesantes en plantearse esos sentimientos de los momentos extremos en escalada o alpinismo; sin vergüenza, sin piedad y llegando hasta el fondo. Un libro imprescindible para alpinistas y escaladores de pared, pero también para cualquier tipo de persona que se plante que es la vida; esa vida que vale tanto como lo que seamos capaces de arriesgarla. Pero no se que entenderá de este texto quien no sea dado a tales excesos, tal vez solo vean una curiosa y divertida historia, lo cual no está tampoco mal. Para quienes quieran profundizar tendrán varios motivos para ello: «Pero no volé. En su lugar, conseguí madurar y comprender lo más importante: que soy esclavo de mis propios pensamientos e imaginaciones. Entendí que, aunque son ellos los que me rigen y mangonean, ellos no son yo».

Cuando veo actualmente con que banalidad se usa el nombre de alpinismo, pienso que por respeto a los hombres y mujeres que verdaderamente lo han practicado y lo practican a llegado el momento de cambiarle de nombre. A partir de ahora ya no somos alpinistas, y gracias a Kurtyka, ahora solo somos jugadores de la «mermelada».