17 Junio 2017

Wojciech Kurtyka

“Necesitamos enfrentarnos a nuestros miedos, por dignidad”

Wojciech Kurtyka

El genial alpinista polaco, un mito silencioso, destapa su poderoso mundo interior, más propio de un artista que de un montañero.

Durante décadas, Wojciech Kurtyka (Polonia, 1947) ha sido un misterio para los entusiastas del alpinismo: más allá de sus geniales, comprometidas y adelantadas a su época aperturas en el Himalaya, éste inmenso alpinista apenas dejó rastro alguno que revelase un mundo interior que sus allegados describían como poderoso. Entrevistarle se convirtió en un ejercicio más complicado que repetir aperturas tan descomunales como la protagonizada en la pared oeste del Gasherbrum IV (7.925 m), donde permaneció junto a Robert Schauer ocho días. Fue en 1985, y si el alpinismo se mide en términos de valor, nadie ha superado semejante marca. Con todo, Kurtyka a menudo supo renunciar, darse la vuelta, evitar situaciones de peligro: siempre tuvo a mano la compañía del miedo, como estímulo y como freno, según reconoce ahora en El Maharajá Chino, su primera y muy sorprendente novela.

1- ¿De dónde procede su interés por la escritura? ¿Es algo repentino o ha germinado con el paso del tiempo en la estela del ejemplo de su padre, escritor también?

- Desde pequeño fui testigo del trabajo creativo de mi padre, circunstancia que despertó en mí una sensibilidad temprana hacia la literatura y el deseo de participar de su belleza. En muchas ocasiones, me decía a mí mismo que si algún día conseguía con mi escritura inspirar u ofrecer una vivencia intensa a una sola persona, no habría vivido en vano.    

2- ¿Cuáles son sus referencias literarias?

– He tenido muchas. En la infancia, los autores que más me impactaron fueron los que describían las aventuras en la naturaleza, como James O. Curwood, Jack London o Karl May. Estas lecturas, sin duda alguna, despertaron mi fascinación por la aventura y me enseñaron que debemos ser valientes en la montaña. Más tarde me sentí atraído por la literatura que ahonda en el sentido de nuestras dichas y desdichas. Creo que, en cierto modo, la verdad expresada por Dostojewski, Kafka, Thomas Mann, Hermann Hesse o Somerset Maugham, llegó a formar parte de mí mismo. Mis últimos descubrimientos literarios incluyen El Mago de Terramar, de Úrsula Le Guin, así como la obra de Charlotte Bronte o de Rabindranath Tagore, en los que me conmueve la idea del amor en un sentido amplio. Una bibliografía un tanto exigente, ¿verdad? Aunque en ocasiones leo también literatura puramente comercial, que me distrae y me ayuda a defenderme del vacío interior, que me invade de vez en cuando.

3- ¿Cuánto hay de autobiográfico en su muy interesante obra, El Maharajá Chino?

- Me atrevería a decir que un 95 %. Cada suceso, cada estado mental que describo en el libro forman parte de mi experiencia y el 5 % restante, más que una ficción o incorporación novelesca, corresponde a la alteración del orden cronológico de los acontecimientos.

4- Personalmente, esperaba un libro que hablase de alpinismo, que evocase en cierta forma su gran pasado como himalayista, pero su obra no tiene nada que ver con mi idea preconcebida…

- Durante una expedición al Himalaya, el alpinista permanece apartado de su vida cotidiana, de sus problemas y placeres habituales. Desde esta perspectiva tan distante, la relación entre la escalada y nuestra vida en el valle parece muy lejana y difusa. Pero está claro que esta relación existe y, además, tiene para mí un sentido muy profundo. La escalada me fortalece y me permite sentirme profundamente unido al mundo. No estaba seguro de cómo expresarlo en el libro y finalmente opté por tomar como referencia aquellas experiencias de montaña que se desarrollan cerca del hogar, dentro del círculo de nuestras relaciones familiares y obligaciones profesionales. En este contexto, el despropósito de la escalada reclama una explicación. En El Maharajá Chino intenté mostrar cómo la escalada puede convertirse en un camino que enriquece nuestra vida cotidiana y nos permite entendernos mejor a nosotros mismos.

5- ¿Considera que el miedo fue el motor de su vida de alpinista y escalador?

- Creo que, independientemente del nivel intelectual y la sensibilidad de cada uno, las personas, de manera instintiva, necesitamos enfrentarnos a nuestros miedos. Si nos dejamos vencer por ellos, nos sentimos humillados. Hasta los animales reaccionan con agresividad ante el miedo. Este enfrentamiento nace de la dignidad, que está impresa en nuestra naturaleza. Estoy convencido de que fue precisamente esta fuerte necesidad de enfrentarme a mi propio miedo, unida a la admiración por las montañas, lo que me lanzó a la difícil búsqueda de la belleza y el misterio de tantas paredes y aristas. Si verdaderamente amo algo, ¿no sería indigno sucumbir al miedo que me aparta del objeto luminoso de mi deseo? Éste es el origen de mi naturaleza de alpinista.

6- El público siempre desea saber por qué escalan los escaladores: creo que su libro ofrece una de las mejores respuestas posibles. ¿Lo cree así?

- Mi respuesta a esta pregunta es muy personal. Soy consciente de que los escaladores explican el sentido de la escalada de formas muy diferentes, aunque no me he encontrado nunca con una solución que me acercara a mi propia verdad. Creo incluso que algunas de estas respuestas –por brillantes que parezcan, como la de Mallory (que vino a decir algo así como que escalamos las montañas porque están ahí)–, en realidad demuestran que se es incapaz de dar una contestación. Tampoco nos acercan a la esencia mental del fenómeno de la escalada, sino que se limitan a destacar sus méritos, casi siempre presentes también en otras disciplinas deportivas. Mi insatisfacción con estas respuestas me impulsó a buscar mi propia verdad, y así nació El Maharajá Chino. Sé que muchos lectores comparten mis ideas, aunque, claro está, no todos. Para algunos el objetivo de la escalada es convertirse en estrella o conseguir el Piolet de Oro (Máximo galardón que concede el alpinismo y que éste año recaerá en sus manos de forma honorífica).

7- El protagonista de su novela se debate entre la necesidad de escalar y la repugnancia que esto le supone. ¿Es posible dedicarse en cuerpo y alma a algo que suscita sentimientos tan encontrados?

- ¿No lucha con valentía el soldado, pese al miedo? ¿Recuerda la crisis de conciencia que sufre el sheriff en Solo ante el peligro? Los retos verdaderamente difíciles suelen ir acompañados de dilemas.

8- Escribir, ¿le resulta tan doloroso como al protagonista de su obra enfrentarse al Maharajá Chino?

- Desde luego que sí. Diría incluso que escribir es tan peligroso como escalar. El hecho de no conseguir expresar lo que tengo en mente me genera unas auténticas crisis psicológicas. En algunos fragmentos de la novela me enredé terriblemente y sufrí durante meses. Tardé más de cinco años en escribir El Maharajá Chino, porque en varias ocasiones abandoné la escritura durante bastante tiempo.

9- ¿Es la escalada un arte en sí misma? ¿Abrir una nueva ruta en una montaña es una creación artística? ¿O es solo una creación?

- Resulta difícil definir qué es la escalada: es lo que somos nosotros. Puede ser un deporte que tiene por principal objetivo ganar la competición. Puede ser un ballet o danza sobre la roca, o un arte cuya belleza consiste en el juego mágico de la luz y el espacio. ¿Acaso existe obra gráfica más bella que una línea trazada por el ser humano sobre una gran pared o arista? Finalmente, en ocasiones, la escalada se convierte en una creación profundamente personal, que no deja huella visible al público, en el juego de la libertad. Independientemente de nuestros recursos personales y gustos artísticos, la escalada implica siempre una creatividad intensa e íntima. Creo que la actitud creativa que se manifiesta en este juego interior es una especie de oxígeno para nuestra mente. Mientras existe, estamos vivos. Cuando se agota nuestra creatividad, nos marchitamos. La pujanza de la creatividad escaladora se manifiesta a través de la cultura de montaña, en sus diferentes vertientes, que incluyen el cine, la literatura o la fotografía.

10- ¿Qué le sugiere la idea de morir un día? ¿Ha sido un pensamiento que le ha obsesionado a lo largo de su vida?

- ¿Es que cree que vamos a morir? ¡Qué extraordinario, qué interesante! Pero ¿qué quiere decir en realidad? Mi curiosidad crece por momentos.

Hace tiempo un médico inepto me diagnosticó, erróneamente, un tumor. En un mes me mentalicé para abordar mi última escalada. El cambio de perspectiva fue tan radical que cuando se demostró que el médico era un necio y yo estaba completamente sano, ¿sabe lo que experimenté? Una triste decepción.

11- ¿Considera que los alpinistas deberían tener el deber de saber expresar real y profundamente qué sienten en la montaña, más allá de los tópicos?

No creo que se pueda exigir esta habilidad a los alpinistas. Además, como muchos tienen ideas erróneas sobre su vida e importancia, conviene evitar que se sinceren en exceso. Con frecuencia los escaladores se muestran reservados en sus manifestaciones públicas, por el simple motivo de que la escalada suele asociarse a unas vivencias muy intensas. Afrontar la muerte o las creencias religiosas de cada uno resulta demasiado íntimo para ser compartido. Consecuentemente, en muchas ocasiones, para no sentirnos incómodos, evitamos las palabras solemnes como “amor” o “Dios”. Al escribir El Maharajá me había prometido no utilizar la palabra “amor” ni una sola vez, pero resultó imposible. En los dos capítulos finales repito dos veces la pregunta “¿Qué clase de amor es ése?”

12- ¿Puede uno aparentar ser libre de puertas afuera y ser preso de una personalidad que sufre y goza al mismo tiempo? O, lo que es similar, ¿ha llegado usted a ser libre de sí mismo?

- Cada persona crea su propia estructura de valores y su propia idea del rol que desempeña. Si lo que has creado es una sandez, acabará haciéndote daño. Es doloroso darnos cuenta de nuestros errores.

Creo que muchos de nosotros experimentamos durante la escalada breves momentos de liberación de nosotros mismos. ¿No es verdaderamente libre el bailarín o el cantante cuando se entregan por completo a su arte? Podríamos preguntarnos cómo seríamos si estos instantes de liberación pudieran durar para siempre. Evidentemente, yo también he experimentado estos momentos de liberación de mí mismo, pero cómo prolongarlos sigue siendo un reto sin resolver. En la montaña, he sentido en ocasiones un vínculo muy fuerte, o quizá sería más correcto decir unión, con la realidad circundante: la naturaleza, el espacio y la luz. Posteriormente, volví a experimentar esta sensación en circunstancias cotidianas: en el jardín o en el bosque, escuchando música o mirando a los ojos de la persona querida. Valoro estos momentos porque la sensación de unidad fortalece e infunde ánimo, aunque por supuesto, estoy lejos de ser un iluminado. La dimensión corporal nos limita y nos obliga a renunciar a la libertad, porque hace demasiado calor o frío, porque duele, porque hay personas que nos esperan...

13- ¿Qué significa el ego en su vida?

- Supone un obstáculo para experimentar la unidad con el mundo y con la realidad. Creo que esta sensación de unión que tuve por primera vez en la montaña constituye mi activo más preciado y un refuerzo constante. Cuando lo pierdo, me convierto en un náufrago sin isla. Nada nos separa de la realidad tanto como un ego fuerte, es la antesala del infierno.

14- ¿Y el miedo?

- Ojalá no desaparezca nunca. Si desapareciera el resorte que hace vibrar nuestra mente, ¿qué quedaría? El miedo puede ser también la expresión de nuestras preocupaciones. Sin él, ¿quién se preocuparía por la suerte del mundo?

15- ¿Qué representan hoy en día las montañas en su vida?

- Son un tesoro y un misterio, parte de la naturaleza en un sentido amplio, más que un reto deportivo. Me gusta ir a la montaña para ver plantas o visitar un lugar cubierto de musgo. En ningún otro sitio me siento tan próximo a la realidad como en la montaña. Aquí la luz y el espacio cobran vida y se convierten en elementos tangibles del universo. Nada me causa tanto asombro interior como las montañas. En la fase actual de mi vida, la escalada solamente tiene sentido como un modo de acercarme a la naturaleza.

Oscar Gogorza